La Noche Cíclica. Jorge Luís Borges.

Poema: La Noche Cíclica.

Jorge Luís Borges (Buenos Aires 1899-Ginebra 1986)

Texto de Diego Margallo, profesor de Lengua Castellana y Literatura

Foto de entrada: De Nit al Xarco, de Salva Mira, profesor de Informática.

Foto de texto: Mirada al Capvespre, de Maria José Lozano, profesora de Informática

iesperemariaorts

Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:
los astros y los hombres vuelven cíclicamente;
los átomos fatales repetirán la urgente
Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.

En edades futuras oprimirá el centauro
con el casco solípedo el pecho del lapita;
cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita
noche de su palacio fétido el minotauro.

Volverá toda noche de insomnio: minuciosa.
La mano que esto escribe renacerá del mismo
vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo.
(David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa).

No sé si volveremos en un ciclo segundo
como vuelven las cifras de una fracción periódica;
pero sé que una oscura rotación pitagórica
noche a noche me deja en un lugar del mundo

que es de los arrabales. Una esquina remota
que puede ser del Norte, del Sur o del Oeste,
pero que tiene siempre una tapia celeste,
una higuera sombría y una vereda rota.

Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres
trae el amor o el oro, a mí apenas me deja
esta rosa apagada, esta vana madeja
de calles que repiten los pretéritos nombres

de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez…
Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas,
las repúblicas, los caballos y las mañanas,
las felices victorias, las muertes militares.

Las plazas agravadas por la noche sin dueño
son los patios profundos de un árido palacio
y las calles unánimes que engendran el espacio
son corredores de vago miedo y de sueño.

Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras;
vuelve a mi carne humana la eternidad constante
y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante:
«Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras…»

Quizás el tiempo no fluya inexorable hacia el fin de las cosas, como creemos, sino hacia su comienzo. Si así fuera, estas palabras que yo escribo y que tú lees serían, como las imágenes que proyectan espejos enfrentados, infinitas.

Reviviríamos amores e infortunios, derrotas y caricias. Las personas que fueron y perdimos retornarían bajo un rostro que ya apenas somos capaces de evocar.

Y las personas que nosotros mismos fuimos y olvidamos regresarían para habitar de nuevo el nombre que nos dieron.

Quizás. Quién sabe.

Puede que los arduos alumnos de Pitágoras.

Y Jorge Luis Borges.

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