Autorregulación del aprendizaje en tiempos de cuarentena.

A raíz de la crisis sanitaria, se han interrumpido las clases por un periodo incierto en muchos países del mundo. Este hecho podría ampliar la brecha educativa que existe entre los alumnos debida a las diferencias socioeconómicas y de nivel educativo de sus entornos domésticos.

Si tenemos en cuenta lo que la investigación refleja acerca del efecto que tienen los periodos largos sin clases sobre la brecha educativa, la mejor apuesta será tratar de hacer lo que podamos para que los alumnos sigan vinculados a la escuela durante este periodo de tiempo.

En este sentido, es obvio que la situación particular de cada uno condicionará sus opciones, y que esto marcará diferencias obvias entre las posibilidades de cada uno de seguir «las clases».

Sin embargo, para no salirme de la tónica habitual de mis hilos, quisiera realizar una aportación desde la perspectiva de las ciencias cognitivas y señalar otro factor más que debemos tener en cuenta para entender por qué esta situación afectará de manera diferencial a los alumnos.

Me refiero, ni más ni menos, a la capacidad de autorregulación del aprendizaje que los alumnos poseen. Esto es, el conjunto de estrategias, habilidades y hábitos que permiten al estudiante intervenir deliberada y eficazmente en sus procesos de aprendizaje.

En este sentido, los estudiantes que cuenten con una mayor capacidad de autorregulación tendrán ventaja frente a sus compañeros para sortear los efectos causados por la interrupción de las clases presenciales. Hablo en especial de alumnos mayores de 10 años.

En realidad, desde el punto de vista de las ciencias cognitivas, la capacidad de autorregular el aprendizaje es una de las diferencias más importantes que se dan entre los estudiantes, con implicaciones directas tanto en sus resultados como en sus metas académicas [1].

De hecho, algunos estudios sugieren que la capacidad de autorregulación del aprendizaje podría ser un predictor del éxito académico incluso mayor que el cociente intelectual [2], o por lo menos ser un factor de gran relevancia.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de autorregulación? 

El estudiante autorregulado es el que se emplaza de manera autónoma a planificar, monitorizar y evaluar su aprendizaje, y que además ajusta sus estrategias de estudio en función de su autoevaluación.

Pero la autorregulación no solo es metacognición. El estudiante autorregulado también se regula a nivel emocional, en varios sentidos. Entre ellos, dos que son clave en la situación actual: para alimentar su motivación y para mantener una rutina a fin de cumplir con sus obligaciones.

En definitiva, los niños y niñas que cuenten con una mayor capacidad de autorregulación gozarán de mayor iniciativa, autonomía y determinación, y esto les permitirá sortear mejor el hecho de no asistir a clase cada día durante este periodo excepcional.

Es por este motivo que una de las claves del papel de los docentes en esta situación excepcional será la de proveer de pautas claras de trabajo a sus alumnos, en especial para compensar las carencias de aquellos que no cuentan con buenas habilidades de autorregulación

Esto significa que debemos ayudarles a planificar el tiempo que dedicarán al estudio, los horarios y las actividades que realizarán en cada sesión, y no simplemente enviarles tareas a realizar sin un claro plan de trabajo.

Además, puesto que la situación nos obliga a reflexionar sobre qué objetivos de aprendizaje debemos perseguir (pues obviamente no podrán ser los mismos que teníamos previstos), tenemos la oportunidad de planificar las tareas atendiendo a principios de aprendizaje básicos.

Por otro lado, establecer un plan de trabajo para los estudiantes también nos permitirá darles un mejor feedback, así como guiarles en su autoevaluación, otro de los procesos claves que lleva a cabo el estudiante autorregulado.

En definitiva, contribuir explícitamente a cómo los alumnos organizan el tiempo dedicado a las tareas escolares puede ser una de las claves para reducir estos días otro tipo de brecha: el que resulta como consecuencia de las diferencias en su capacidad de autorregulación. FIN.

Referencias:

[1] Zimmerman, B. J. (2001). Theories of self-regulated learning and academic achievement: An overview and analysis. En: B. J. Zimmerman y D. H. Schunk (Eds.), Self-regulated learning and academic achievement: Theoretical perspectives (pp. 1-37). Lawrence Erlbaum.

[2] Gomes, C. M. A., Golino, H. F., y Menezes, I. G. (2014). Predicting school achievement rather than intelligence: Does metacognition matter? Psychology, 5(9), 1095-1110.

Hector Ruiz es autor del libro ¿Cómo aprendemos? Una aproximación científica al aprendizaje y la enseñanza. Editorial Grao.

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